Vivimos en un mundo difícil, eso es algo demasiado palpable y evidente. La realidad que nos rodea lo demuestra cada día, brindándonos noticias que algunos leen, ven o escuchan para deleite de los que las redactan, emiten y retransmiten.
Pero, ¿qué ser humano no se ha hecho esta pregunta a lo largo de la historia? Nos creemos privilegiados por vivir en un mundo que nos regala pesimismo en cantidades industriales, compartiendo este presente disfrazados de muñecos capaces de llegar a tener un ideal revolucionario con la esperanza de que algún día cambien las cosas.
Dicho esto, una de las cosas que se desprende de esta especie de manifiesto, es la afición de algunas de las citadas marionetas a apropiarse de la verdad. Y lo pongo con minúsculas porque juzgar, considerar, decidir y dictaminar por el ser humano en general es, desde una determinada postura política, una suposición muy arriesgada.
La realidad, desde un punto de vista subjetivo, es diferente. No eres importante, colega. Ahora tocaría soltar lo de "El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona". Lo cierto es que, en una tierra donde todos afirman no ser ignorantes y portadores de la verdad más absoluta, se olvida continuamente que la primera piedra que podría reconstruir el sentido común lleva un nombre, el del respeto.
Así que, pónte a pensar, si puedes: ¿Qué es más importante, pensar por tí mismo o dejar que los demás piensen por ti?

La respuesta que has elegido, lamentablemente, es la equivocada.
Y lo sabes.

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